La industria alemana podría perder alrededor de 200.000 empleos en los próximos cinco años mientras enfrenta mayores costos, competencia china y una transformación tecnológica profunda. Argentina está en otra escala y otro momento, pero la discusión también empieza a acercarse: no alcanza con preguntarse qué autos vamos a manejar, sino dónde se van a fabricar y qué conocimiento va a necesitar toda la cadena.RAÚL ROSSI
6 de octubre de 2026
Durante décadas, la industria automotriz alemana fue una de las grandes referencias mundiales en producción, ingeniería y empleo. Ahora está atravesando un ajuste que muestra hasta qué punto puede cambiar un sector cuando se modifican al mismo tiempo la tecnología, los competidores y los costos.
Un análisis de la consultora Roland Berger proyecta que el empleo automotor en Alemania podría caer de unas 692.000 personas a fines de 2025 a alrededor de 490.000 hacia 2031. La firma señala además que el sector ya perdió aproximadamente 100.000 puestos de trabajo desde 2019.
No hay una sola explicación. La electrificación forma parte del cambio, pero también pesan la presión sobre los proveedores, la necesidad de invertir sumas multimillonarias en software y nuevas arquitecturas, los costos de producción y una competencia china que desarrolló productos y escala con enorme velocidad.
El problema, entonces, no es simplemente que desaparezca el motor a combustión. Está cambiando de raíz dónde y cómo se genera el valor alrededor del auto.
ARGENTINA TODAVÍA ESTÁ A TIEMPO DE ELEGIR QUÉ LUGAR OCUPA
Acá la transformación ocurre en un escenario diferente. Entre enero y septiembre de 2026 se produjeron 314.975 vehículos en Argentina, un 16,9% menos que durante el mismo período de 2025. Al mismo tiempo, las exportaciones mostraron resistencia y durante septiembre absorbieron el 71% de la producción mensual de las terminales.
También está cambiando la oferta en la calle. Las marcas chinas ya representaban cerca del 10% de las ventas locales hacia el segundo semestre, frente a aproximadamente un 2% un año atrás, mientras continúan desembarcando nuevos híbridos, eléctricos y modelos de combustión importados.
Eso no convierte a Argentina en Alemania ni permite anticipar una pérdida equivalente de empleos. Pero sí plantea un interrogante estructural parecido: ¿la próxima transformación automotriz la vamos a importar o también la vamos a fabricar?
El proyecto de Toyota en Zárate muestra la otra posibilidad. La automotriz consiguió la aprobación dentro del RIGI para una inversión de USD 1.341 millones que contempla incorporar la producción local de un nuevo vehículo electrificado, aunque la decisión corporativa definitiva todavía aguarda la luz verde de la casa matriz.
Ahí está una parte central de la discusión. Si los nuevos vehículos, componentes y tecnologías solamente llegan terminados desde otros países, buena parte del conocimiento industrial también queda afuera. Si empiezan a producirse localmente, alrededor se desarrollan proveedores, capacitación, ingeniería y experiencia que después se extienden por toda la cadena de valor.
DATO PARA EL TALLERISTA
La transformación del trabajo automotor tampoco termina en la puerta de una fábrica. Un parque circulante con más híbridos, eléctricos, electrónica pesada, software y sistemas conectados cambia progresivamente qué necesita saber quien repara un auto. Algunas tareas mecánicas tradicionales pierden peso relativo, mientras crecen otras áreas críticas: diagnóstico electrónico, gestión térmica de baterías, alta tensión, multiplexado y acceso a información técnica oficial. El oficio no desaparece: lo que cambia es qué conocimiento hace falta para seguir ejerciéndolo.
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