EL TORINO: LA LEYENDA ARGENTINA QUE NACIÓ PARA GANAR
Analizamos la trayectoria y los hitos de ingeniería del auto que marcó un antes y un después en la industria nacional y se convirtió en un símbolo del automovilismo argentino.RAÚL ROSSI
13 de febrero de 2026
El Torino no es solo un vehículo; es uno de los capítulos más emblemáticos de la industria automotriz argentina. Su génesis combinó la base estructural desarrollada por IKA-Renault con la robustez del motor Tornado de origen estadounidense y el refinamiento estético italiano de Pininfarina.
Presentado en noviembre de 1966 en el Autódromo de Buenos Aires, rompió con los esquemas de la época: ofrecía prestaciones deportivas, equipamiento superior y una presencia que lo ubicaba por encima del promedio del mercado local.
UN DISEÑO CON SELLO EUROPEO
La base fue el Rambler American de tercera generación, pero la intervención de Sergio Pininfarina fue determinante. El diseñador italiano redefinió proporciones y superficies: nueva trompa, cola rediseñada, líneas más tensas y un interior con mayor sofisticación.
El resultado fue un sedán y una cupé con identidad propia, agresivos sin perder elegancia. En pocos años, el Torino se convirtió en el objeto de deseo de toda una generación.
LA ÉPICA DE NÜRBURGRING: EL DÍA QUE EL MUNDO LO CONOCIÓ
En agosto de 1969, la llamada “Misión Argentina”, encabezada por Juan Manuel Fangio y con la preparación técnica de Oreste Berta, llevó tres unidades de la cupé 380W a competir en las 84 Horas de Nürburgring.
Frente a marcas como Porsche y Lancia, uno de los Torino fue el auto que más vueltas completó en pista durante la competencia. Sin embargo, una penalización reglamentaria lo relegó en la clasificación final.
Más allá del resultado oficial, la hazaña validó la confiabilidad mecánica del modelo en el trazado más exigente del mundo y lo consolidó como mito nacional.
Motor Tornado Interceptor
El corazón del Torino fue el Tornado OHC de 3.770 cc. Incorporaba árbol de levas a la cabeza, una solución poco común en el mercado local de la época, y una cámara de combustión optimizada que mejoraba notablemente el flujo respecto a los motores varilleros tradicionales.
Esta arquitectura permitía mayor eficiencia volumétrica y mejor respuesta en regímenes medios y altos.
La evolución al 7 bancadas
En 1973 llegó una actualización clave: el cigüeñal pasó a apoyarse en siete bancadas. Esta modificación incrementó la rigidez torsional, redujo vibraciones y mejoró la durabilidad a altas revoluciones.
El resultado fue un motor más estable y resistente, especialmente valorado en uso deportivo.
Alimentación triple Weber
La versión 380W (la “W” en honor a Weber) equipaba tres carburadores 45/45 DCOE de doble boca. Esta configuración directa y múltiple era excepcional para un auto de producción nacional y le permitía declarar 176 HP SAE brutos, una cifra destacada para fines de los 60.
La respuesta era lineal, contundente y con un carácter claramente deportivo.
EL TORINO QUE CRUZÓ EL ATLÁNTICO
Décadas después de Nürburgring, el legado del modelo sigue vivo incluso fuera del país. En la planta de Horacio Pagani en Italia se conserva un Torino especialmente preparado por Oreste Berta.
El auto, que forma parte del entorno técnico y cultural que rodea a la marca Pagani Automobili, funciona como un puente entre la ingeniería argentina de los años 60 y el universo de los hypercars contemporáneos.
Para Pagani, el Torino representa una raíz técnica y emocional: el ejemplo concreto de que desde Argentina también se podía pensar y ejecutar ingeniería de nivel internacional.
DATO PARA EL TALLERISTA
Si te entra un Torino al taller, empezá por la puesta a punto de la distribución y, sobre todo, la carburación. En los modelos con triple Weber, la sincronización es determinante: si no abren parejo, el motor “galopa” y perdés eficiencia y respuesta.
Otro punto crítico es el sistema de encendido. Hoy no tiene sentido renegar con platinos de baja calidad: cables de alta resistencia y bujías del grado térmico exacto son clave para que el 7 bancadas funcione redondo.
El cliente de un Toro no te pide que lo dejes “arrancando”. Te pide que lo dejes como si fuera a largar otra vez en Nürburgring.