Nueve años después de mostrarlo por primera vez, Tesla volvió a la carga con el Roadster. Y volvió sin ningún tipo de timidez. El nuevo deportivo eléctrico incluye un sistema que lo pega al piso, aerodinámica activa y propulsores de aire comprimido desarrollados con tecnología de SpaceX. En la presentación metió un 0 a 60 mph en 0,8 segundos, saltó por arriba de otros autos y hasta tiró un tirabuzón en el aire.RAÚL ROSSI
16 de octubre de 2026
Durante décadas, los autos de ciencia ficción tenían botones para todo. El Mach 5 de Meteoro sacaba unos gatos automáticos desde abajo para saltar obstáculos y KITT, el de El Auto Fantástico, usaba el famoso Turbo Boost para despegar del piso cuando la cosa se ponía complicada. Eran recursos perfectos para una serie animada de los 80, básicamente porque nadie esperaba encontrárselos después en un auto de calle.
Tesla parece haber tomado esa idea como un desafío personal.
En las instalaciones de SpaceX en Texas, la marca mostró la nueva evolución del Roadster con un prototipo capaz de hacer cosas que hasta ayer quedaban guardadas para la pantalla. El deportivo quedó completamente boca abajo sin caerse, levantó vuelo para pasar por arriba de otros vehículos y metió una maniobra todavía más insólita: despegó, giró sobre su propio eje en el aire y volvió a apoyar las cuatro ruedas en el piso.
El equivalente moderno del botón de Meteoro existe, solo que en vez de sacar patas de abajo usa depósitos de aire a una presión enorme y propulsores repartidos por la carrocería. Y eso es apenas una parte del auto.
UN ROADSTER CON TECNOLOGÍA DE SPACEX
Elon Musk venía diciendo hace años que el Roadster iba a usar tecnología de SpaceX, su empresa aeroespacial. La frase sonaba al típico verso para vender humo y generar expectativa, pero ahora Tesla mostró qué significa realmente llevar ese conocimiento a un auto de calle.
No hay combustible de cohete ni llamaradas saliendo de atrás. El sistema junta aire a una presión altísima en tubos de material compuesto y lo libera en milésimas de segundo por distintas boquillas. Al tirar ese aire con fuerza para un lado, el auto recibe el empuje para el lado contrario. Es la misma física básica que mueve a un cohete, pero aplicada acá de una manera muy distinta.
En la versión más radical, Tesla habla de un tanque central de 600 litros de aire comprimido y diez propulsores ubicados en puntos clave del auto. Según dónde estén y para dónde tiren el aire, pueden empujar el Roadster para adelante, ayudarlo a doblar más rápido, acomodarlo en una maniobra brava o darle la fuerza vertical necesaria para despegarlo del asfalto.
De ahí salen los saltos y el tirabuzón. No hay una rampa escondida ni truco de edición: el auto tiene cómo empujarse sin depender de las ruedas.
EL LÍMITE YA NO ES SOLO EL MOTOR
Todo esto puede parecer un show para la foto, pero los propulsores apuntan a un problema histórico de cualquier auto de alta gama: el límite de agarre.
Podés armar un motor de 500, 1.000 o 2.000 caballos, pero en algún momento toda esa fuerza tiene que bajar al asfalto. El encargado de hacer ese trabajo es el neumático, y la huella de goma que toca el piso es un parchechito de nada. Cuando el torque del motor supera la adherencia de la cubierta, seguir sumando potencia no sirve para nada: la rueda patina.
El Roadster esquiva ese límite físico metiendo un empuje que no pasa por las gomas. En la versión Thrust (la versión de empuje), los propulsores traseros te lanzan directamente para adelante.
Por eso meten ese número tan ridículo de 0 a 60 mph (unos 96 km/h) en 0,8 segundos. La cifra la mostró Tesla y todavía hay que homologarla bien, pero el concepto técnico es claro: no todo depende de que las cuatro gomas logren morder el asfalto. Es como si una mano gigante te empujara de atrás con un chorro de aire.
Y TAMBIÉN SE PEGA AL PISO
Los propulsores se llevaron todos los aplausos, pero abajo del auto hay otra joya técnica.
Tesla le metió un sistema de succión activa que saca aire del fondo plano mediante turbinas para generar un vacío tremendo abajo del chasis. Dicho en criollo: el sistema "chupa" el auto contra el piso. Es la misma idea del efecto suelo activo que en su momento usó Brabham en la F1 o el McMurtry Spéirling de ahora.
La aerodinámica de siempre necesita velocidad. Un alerón empieza a empujar cuando le pasa mucho aire por arriba; cuanto más rápido vas, más se pega el auto. La succión activa rompe esa regla porque pega el auto al piso aunque esté yendo a dos por hora o esté frenado a cero.
En la presentación lo mostraron a lo animal: hicieron andar el Roadster por una rampa curva hasta dejarlo colgado boca abajo del techo. Y el auto se quedó ahí firme.
Tesla dice que la succión genera el equivalente a dos veces el peso del auto, de sobra para bancárselo colgado en el aire. Es una tecnología de autos de carrera, pero verla en un eléctrico con chapa y pintura de calle marca un antes y un después.
TRES VERSIONES Y UNA QUE PARECE DE DIBUJITOS
Tesla organizó el Roadster en tres variantes bien marcadas:
- Performance: La más "normal". Viene biplaza, con aerodinámica activa y el sistema de succión en el piso.
- Thrust: Suma los propulsores traseros de aire comprimido para acelerar de golpe sin depender del agarre de las gomas.
- Rocket: "Cohete" literal. Es monoplaza, trae diez propulsores alrededor de la carrocería y es la que usaron para hacer los saltos y las piruetas en la presentación.
Esa es la que salta. La que gira en el aire. La que hace que el botón de Meteoro ya no parezca un delirio de tele.
Tesla la presenta casi como una versión con capacidades aéreas, aunque no estamos hablando de un auto volador para irse de viaje. Son maniobras cortas y controladas, no un vuelo sostenido.
Y ahí se le viene el quilombo más grande a Tesla: una cosa es probar esto en el patio de SpaceX y otra muy distinta es conseguir la homologación para andar por la calle con un auto cargado con tanques de aire a ultraalta presión, tirando soplidos para todos lados y despegando las ruedas del asfalto.
EL ROADSTER DE 2017 QUEDÓ VIEJO ANTES DE NACER
Hay otra realidad: este auto ya no tiene nada que ver con el que mostraron en 2017. Aquella vez prometían cuatro plazas, 1.000 km de autonomía, más de 400 km/h de máxima y un 0 a 60 mph en 1,9 segundos. Hace nueve años, bajar de los dos segundos ya era una locura.
Pero corrieron el arco. El proyecto nuevo resigna espacio adentro y un poco de autonomía en las versiones extremas, pero a cambio suma la succión de piso, la aerodinámica móvil y los propulsores de aire que en 2017 ni figuraban.
En 2017 querían hacer el eléctrico más rápido del mundo. En 2026 ese chip les quedó chico y apuntan a un bicho indescifrable.
NUEVE AÑOS DE PROMESAS
Tampoco hay que olvidarse de dónde venimos. Tesla presentó este Roadster en noviembre de 2017 y dijo que lo fabricaba en 2020. Pasó de largo.
El proyecto quedó archivado mientras la empresa ponía toda la carne al asador para escalar la producción de los modelos que le daban de comer: Model 3, Model Y, Cybertruck y Semi, más los desarrollos del Cybercab y el robot Optimus.
Durante casi una década el Roadster reaparecía cada tanto con algún tweet o promesa de Musk. Ahora le pusieron fecha para 2028. Conociendo el historial de demoras hay que tomarlo con pinzas, pero esta vez la diferencia es que mostraron el auto andando de verdad.
CUANDO LA CIENCIA FICCIÓN SE QUEDA SIN LABURO
El Roadster es un auto exagerado e innecesario, y justamente por eso existe. Nadie necesita quedarse pegado al techo, meter 100 km/h en menos de un segundo ni hacer un tirabuzón a la salida de una curva. Los autos "halo" —esos modelos extremos que las marcas hacen para mostrar poderío técnico antes que para vender en masa— nunca tuvieron que ver con la lógica.
Este va más allá. Durante años vimos autos de mentira haciendo trucos en el cine para entretenernos. Hoy la física, la electrónica y la neumática de alta presión están borrando esa frontera.
El problema ya no es adivinar cómo van a ser los autos de los próximos años. El tema va a ser inventar cosas nuevas para los dibujitos.
DATO PARA EL TALLERISTA
Más allá del show, el Roadster corre la vara de lo que entendemos por diagnóstico y mantenimiento en la alta gama. Para el taller, este bicho mueve el eje del motor eléctrico hacia la gestión de sistemas integrados: laburar con un circuito de 600 litros de aire a presiones brutales exige tanques de fibra de carbono, electroválvulas que responden en milésimas de segundo y una estructura de chasis capaz de bancarse los tirones torsionales que meten los propulsores. La tracción y el agarre ya no son un tema exclusivo de la geometría de suspensión o la calidad de la goma, sino de cómo dialogan el software, el vacío de piso y la neumática de alta presión.
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